Integrados en la Misión 3: Animando y motivando a mi iglesia

03/02/2026 | Gabriel Díaz

¿Sabes cómo planificar actividades evangelísticas en tu iglesia local? ¿Quieres saber cómo enfocar a tu iglesia en la misión? ¿Cómo animarla y motivarla? ¿Cómo hacerla accesible? Te lo cuento todo en esta miniserie de «Integrados en la Misión».

Integrados en la Misión 3: Animando y motivando a mi iglesia

Mateo 9:35–10:4 nos muestra con claridad cómo Jesús respondió ante una multitud «desamparada y dispersa, como ovejas que no tienen pastor». Este pasaje ofrece principios fundamentales para animar y motivar hoy a la iglesia en su misión.

En primer lugar, Jesús vio a la multitud. No fue indiferente a su realidad; observó sus necesidades espirituales y humanas. El texto dice que «tuvo compasión de ellas» (Mateo 9:36). Toda iglesia viva comienza cuando aprende a mirar a las personas con los ojos de Cristo. La desmotivación aparece cuando la iglesia se centra solo en sus programas; la motivación nace cuando vuelve a ver a las personas que sufren, buscan y necesitan esperanza.

En segundo lugar, Jesús enseñó, predicó y sanó (Mateo 9:35). Su ministerio fue integral. Esto nos recuerda que la misión no se limita al culto, sino que incluye el servicio, el cuidado y la atención a las necesidades reales. Una iglesia saludable es aquella que responde a las necesidades de la sociedad y vive una espiritualidad activa, no pasiva.

La oración como inicio del compromiso

En tercer lugar, Jesús oró y desafió a orar. Al decir: Rogad al Señor de la mies que envíe obreros (Mateo 9:38), Jesús involucró a sus discípulos en la solución. La oración no fue una excusa para la inacción, sino el inicio del compromiso. Una iglesia se anima cuando ora con propósito y entiende que Dios desea usar a cada creyente. Tengamos más espacios de oración intercesora en nuestros programas.

Hagamos que la iglesia no sea un lugar de uso exclusivo para nosotros, sino que sea una luz que alumbra a la comunidad.

Luego, Jesús organizó Iglesias Hogar (GP) y envió. En Mateo 10:1–4 llama a los doce y los envía en misión. Aquí vemos un principio clave: Jesús no hizo la obra solo, sino que capacitó, delegó y confió. El documento enfatiza que Dios trabaja mediante equipos, grupos pequeños y liderazgo compartido, activando a todos los miembros y evitando la pasividad espiritual

Finalmente, Jesús dio identidad y propósito a sus seguidores. Cuando cada miembro entiende que forma parte de la misión, la iglesia se llena de vida. Como afirma Elena de White: «La iglesia fue organizada para servir» (Elena de White, Los Hechos de los Apóstoles, página 9).

Animar y motivar a la iglesia hoy implica seguir el método [estilo de vida] de Cristo: mirar con compasión, servir integralmente, orar con intención, organizar con sabiduría y enviar a todos a la misión. Cuando esto sucede, la iglesia deja de ser espectadora y se convierte en un movimiento vivo guiado por el Espíritu Santo.

Autor: Gabriel Díaz Rojas, director de MIPES (Ministerio Personal y Escuela Sabática), Evangelismo y Misión Global de la Iglesia Adventista del Séptimo Día en España. 

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