1. ¿Rechazaron los pioneros adventistas la Trinidad?

28/02/2026 | Óscar López

Quienes sostienen que los pioneros rechazaban la Trinidad cuentan con respaldo histórico. Sin embargo, esa no es toda la historia.

Este es el primero de varios artículos sobre la Trinidad, preparados tras haber trabajado el libro: Explorando la Trinidad: Preguntas y respuestas (Exploring the Trinity: Questions and Answers, editado por Clinton L. Wahlen y John C. Peckham), publicado por el Biblical Research Institute* en 2025. Un volumen que recoge respuestas bíblicas a numerosas preguntas sobre la doctrina de la Trinidad y está preparado por múltiples autores.

Una mirada histórica necesaria

Aunque los primeros pioneros adventistas —como James White y Joseph Bates— sostuvieron en su mayoría posturas no trinitarias, la historia muestra que la comprensión adventista sobre la naturaleza de Dios no permaneció estática. Entre 1846 y 1915 se produjo un proceso gradual de estudio bíblico y reflexión teológica que fortaleció la afirmación de la plena divinidad de Cristo y la personalidad del Espíritu Santo. Este desarrollo no fue resultado de influencias externas ni reacción al panteísmo de John Harvey Kellogg, sino fruto de un crecimiento interno coherente con el principio de verdad progresiva que caracterizó al adventismo temprano.

«Los pioneros no creían en la Trinidad; por lo tanto, nosotros tampoco deberíamos creer en ella». Esta afirmación circula con creciente frecuencia en algunos espacios adventistas. Pero ¿refleja con exactitud la historia? El estudio La Trinidad en la Historia Adventista temprana (1846–1915) muestra que el desarrollo doctrinal adventista fue más complejo —y más progresivo— de lo que a menudo se presenta.

Un comienzo mayoritariamente no trinitario

Es correcto afirmar que, entre 1846 y aproximadamente 1888, predominó en el adventismo una postura no trinitaria. Varios pioneros —entre ellos James White, Joseph Bates y J. N. Loughborough— rechazaban la doctrina tradicional de la Trinidad tal como la entendían en el cristianismo de su tiempo.

Las razones eran diversas:

  • Consideraban que no existía una declaración bíblica explícita de la Trinidad.
  • Temían que condujera al modalismo (confundir Padre e Hijo como una sola persona).
  • Rechazaban cualquier forma de triteísmo (tres dioses).
  • Pensaban que ciertas formulaciones debilitaban el valor pleno del sacrificio de Cristo.
  • Entendían generalmente al Espíritu Santo como una influencia o poder, más que como una persona divina distinta.

En este punto, quienes sostienen que los pioneros fueron antitrinitarios cuentan con respaldo histórico. Sin embargo, esa no es toda la historia.

Diversidad y desarrollo interno

Ya en la década de 1870 comenzó a observarse una creciente diversidad interna. Publicaciones adventistas reproducían artículos con lenguaje trinitario sin añadir comentarios críticos. Algunos autores afirmaban al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo bajo un solo nombre como el verdadero Dios, aun cuando no utilizaran el término técnico «Trinidad».

Paralelamente, el énfasis en la plena divinidad de Cristo fue fortaleciéndose. Aunque inicialmente muchos sostenían que el Hijo había sido «engendrado» en algún momento remoto del pasado, hacia finales del siglo XIX varios escritores hablaban con mayor claridad de su igualdad con el Padre.

Un momento teológicamente significativo fue la afirmación de que en Cristo hay «vida original, no prestada, no derivada», y que Él es «autoexistente» y «eterno». Estas declaraciones marcaron un giro importante en la comprensión adventista de la persona de Cristo y contribuyeron a superar formulaciones anteriores de carácter subordinacionista.

El Espíritu Santo: de influencia a persona divina

En los primeros años, el Espíritu Santo fue descrito con frecuencia como una influencia divina o poder procedente de Dios. No obstante, a mediados de la década de 1890 comenzó un cambio más definido hacia la afirmación de su personalidad.

Se empezó a hablar del Espíritu como «la tercera persona de la Divinidad». Gradualmente, diversos autores lo describieron como un ser personal y divino, con inteligencia y acción propia, aunque reconociendo que su naturaleza excede la plena comprensión humana.

Este proceso no fue abrupto ni resultado de imposición externa. Formó parte de un estudio bíblico continuo. El adventismo temprano no adoptó un credo rígido desde el principio; permitió que su comprensión doctrinal madurara con el tiempo.

¿Fue resultado del panteísmo de Kellogg?

Algunos han sugerido que la doctrina trinitaria adventista surgió como reacción al panteísmo de John Harvey Kellogg. Sin embargo, el desarrollo hacia formulaciones trinitarias es claramente anterior a la publicación de The Living Temple(1903). Además, varios líderes adventistas que ya sostenían posiciones claramente trinitarias se opusieron firmemente a las ideas de Kellogg por considerar que debilitaban la enseñanza bíblica acerca de un Dios personal.

No es históricamente sostenible, por tanto, afirmar que la doctrina trinitaria adventista sea producto del panteísmo o de una infiltración teológica externa.

Un cambio de paradigma

Entre 1898 y 1915 se consolidó un verdadero cambio de paradigma. La Trinidad comenzó a ocupar un lugar central en artículos, himnos, lecciones juveniles y declaraciones formales de creencias. El no trinitarismo disminuyó notablemente a comienzos del siglo XX.

Lo que emerge del análisis histórico no es una ruptura abrupta, sino un proceso de desarrollo. El movimiento comenzó mayoritariamente con posturas no trinitarias, pero avanzó progresivamente hacia una afirmación más explícita de la unidad y pluralidad divina.

Por ello, no es exacto afirmar que la Iglesia Adventista «traicionó» a sus pioneros al adoptar la doctrina de la Trinidad. La evidencia muestra más bien un crecimiento interno en la comprensión de la identidad del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

Si apelamos a los pioneros como referencia, también debemos recordar que ellos defendían el principio de verdad progresiva y rechazaban la fijación doctrinal prematura. La propia historia adventista demuestra que la comprensión teológica fue ampliándose con el tiempo.

Reconocer esta progresión no debería dividirnos. Más bien nos invita a abordar el tema con serenidad histórica, honestidad documental y respeto por el proceso mediante el cual la iglesia fue clarificando su fe.

Apéndice: La Trinidad en la historia adventista temprana (1846–1915)

Extracto de Revisiting the Trinity: Biblical, Theological and Historical Reflections:

AñoPersona(s)Idea
1846Joseph Bates
James White
Oposición a la Trinidad como forma de modalismo y al triteísmo; énfasis en la distinción entre Padre e Hijo
1866John G. MattesonCristo era Dios y coigual con el Padre, pero no el único Dios autoexistente
1872Principios FundamentalesFormulación neutral sobre la doctrina de Dios
1873VariosReimpresiones de lenguaje trinitario en publicaciones adventistas
1876Elizer GoodrichAfirmación de tres personas como un solo Dios
1877James WhiteCristo fue y es igual a Dios; subordinación limitada a la encarnación
1877J. H. WaggonerPosición neutral sobre la personalidad del Espíritu Santo
1879J. H. WaggonerLa Biblia parece referirse al Espíritu como persona; negarlo sería peligroso
1883J. M. HopkinsJesús eternamente preexistente
1884Ellen G. WhiteUso del pronombre masculino para el Espíritu Santo
1885A. T. JonesDios el Padre y Dios el Hijo
1890Charles L. BoydLos adventistas creen en tres personajes divinos conocidos como la Trinidad
1891George C. TenneyEl Espíritu Santo es un ser divino
1892Samuel T. SpearPublicación de tratado sobre la Trinidad Bíblica
1893Ellen G. WhiteCristo y el Padre eran de una misma sustancia
1894J. H. DurlandPadre, Hijo y Espíritu como tres grandes agentes
1896George C. TenneyEl Espíritu Santo es personalidad distinta
1897H. P. WrightEl Espíritu Santo es coigual con el Padre y el Hijo
1897Ellen G. WhiteCristo es autoexistente
1897Ellen G. WhiteDistinción de dos naturalezas en Cristo; en la cruz murió la humanidad

Autor: Óscar López Teulé, presidente de la Iglesia Adventista del Séptimo Día en España.

Notas: 

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2. ¿Enseña la Biblia la Trinidad?